viernes, 24 de diciembre de 2021


 

La Navidad

La etimología de “Navidad” viene del latín “nativitas” que hace referencia al nacimiento. Sin embargo, creo de verdad, que esta palabra alberga otras ideas, pero sobre todo, contiene una idea que cada vez pasa más desapercibida y que estamos perdiendo, por desgracia, poco a poco.

Y es que la Navidad tiene que ver, por ejemplo, con el solsticio de invierno, cuando los romanos encendían velas y antorchas para celebrar que los días volvían a alargarse. Pero tiene también que ver con esa estrella que colocamos en familia en lo alto de un árbol lleno de bolas brillantes y espumillón. Y, por más que les pese a algunos, tiene que ver sin duda, con ese destello fugaz, que una vez guio a unos magos a través del desierto. 

Sí, indudablemente, la Navidad, tiene que ver con la luz.

Pero, sin embargo, el belén siempre se representa en la noche oscura, entre la hoguera que calienta el pesebre y la estrella que, enclavada en el firmamento, guía a los pastores. Y celebramos esta fiesta en la noche, cuando no hay luz. Pero no debe extrañarnos, porque, aunque era de noche cuando Él llegó, lo hizo para iluminar el mundo con un mensaje de paz, de amor, de esperanza y darnos, sin duda, un punto de luz.

Pensémoslo ya que, por muchas circunstancias, vivimos tiempos oscuros. Y es precisamente en la oscuridad donde el ser humano constata la necesidad urgente de un punto de luz.

¡Feliz Navidad a todos!

 

Rafa Juan y Seva

24 diciembre 2021

sábado, 27 de junio de 2020


Mis novelas en Amazon con fines solidarios.

Querid@s tod@s. Espero que vosotros y todos los vuestros os encontréis bien dentro de las circunstancias. La experiencia que ha supuesto el confinamiento a causa de la pandemia generada por el Covid 19 ha tenido, es evidente, muchísimos aspectos negativos. 


Sin embargo en mi caso ha tenido dos consecuencias positivas relacionadas con mi afición por la escritura. Primero me he reencontrado con este blog que llevaba años injustamente aparcado. Segundo, me ha permitido realizar algo que me habían solicitado infinidad de personas y que la falta de tiempo me había impedido hacer. Se trata de que mis dos novelas estén disponibles en Amazon, tanto en versión digital como impresa. Esto facilitará que, quienes lo deseen, tengan acceso a las mismas, en especial en el caso de "Allí donde el sol se pone" que ya llevaba tiempo agotada. Podéis acceder a la página correspondiente pinchando en el enlace al final de esta nota.

Por otra parte, me gustaría comentaros que he decidido que la totalidad de los ingresos que se generen por esta vía van a ser donados a Las Hermanitas de los Pobres de Los Molinos (su Residencia en la imagen de cabecera). Llevo muchos años colaborando con ellas y la labor que realizan es encomiable, manteniendo en su residencia a ancianos que no tienen recursos económicos y todo ello sin ningún tipo de ayuda oficial.

En fin, como decía os dejo el enlace a la página de Amazon y espero que, entre todos, podamos ayudarlas lo máximo posible a través de esta iniciativa, por lo que compartir todo lo que queráis este mensaje. Besos y abrazos. 

https://amzn.to/2zqcA7l


Covid-19


Las circunstancias excepcionales que hemos vivido y seguimos viviendo son terribles. Quizás no somos muy conscientes porque nuestro Gobierno, se ha empeñado en ocultarnos, en connivencia con los medios de comunicación, las imágenes de la tragedia y las cifras reales de lo que la pandemia está suponiendo.

Vivimos, sin duda, momentos muy difíciles para el mundo en general y España en particular. Hemos estado confinados por el ataque del virus Covid-19, que ha traído a la realidad lo que cualquiera hubiera pensado que era el guion de la mejor película apocalíptica de ciencia ficción. Y cuando hemos comenzado a recuperar cierta normalidad, todo hace pensar que, por el comportamiento irracional de muchos que piensan que todo esto es una broma, podemos volver a vivir momentos muy difíciles. Por desgracia el virus no selecciona y afecta a todos. Si sólo atacara a los que actúan de forma incomprensible, a la postre, sería una buena medida de selección natural.

Y es que es, en circunstancias como las actuales, cuando se pone de manifiesto lo peor y lo mejor de la condición humana. Lo peor en todos aquellos que de forma insolidaria han desobedecido las directrices de las autoridades, los que han aprovechado momentos como estos para enriquecerse a costa de la salud y el sufrimiento de los demás y de aquellos que ahora, olvidan las mínimas normas de prudencia y sentido común. Pero también vemos lo mejor y, creo, en mucha mayor medida. Lo hemos vistos en todos esos trabajadores que han salido cada día de sus casas, poniendo en riesgo sus vidas, para permitir que el resto pudiéramos seguir viviendo de forma "casi normal”. En la disciplina y actitud de las fuerzas de seguridad y el ejército que han ayudado y ayudan sin preguntar, incluso a esos que un día pretendían echarlos de sus pueblos y regiones. En la valentía y entrega sin fin de todo ese personal sanitario que ha estado y está en la trinchera, en primera línea de batalla, y lo ha hecho y lo hace con medios escasos y sufriendo la calamitosa gestión de esta crisis. En la generosidad y solidaridad de tanta y tanta gente, de toda condición y edad que aporta lo que puede y como puede.

Cuando Viktor Frankl explicaba en “El hombre en busca de sentido”, las diferencias de comportamiento entre los presos del campo de concentración de Auschwitz, decía: “El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan unas a otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser —dentro de los límites de sus facultades y de su entorno— lo tiene que hacer por sí mismo” …. “El hombre tiene dentro de sí ambas potencias; de sus decisiones y no de sus condiciones, depende cuál de ellas se manifieste”.

Esta epidemia va a costar mucho a todos, la parte menos importante será la económica, de esa podremos recuperarnos. Lo que no recuperaremos serán las vidas de todos aquellos que, luchando y ayudando a los demás, se han quedado y se quedarán en el camino. Creo, que nuestro mejor homenaje a todos ellos será aprender y recobrar mucho de lo bueno que habíamos perdido por nuestras decisiones. Y no olvidar nunca que, como también decía Frankl: ¨los mejores de entre nosotros, no regresaron¨.

lunes, 18 de abril de 2016

Compromiso

Más de un año sin escribir nada en mi blog y vuelvo con el mismo motivo que la última vez: mi admirada Mayte Martín.

Hoy era día grande, Mayte volvía al Auditorio Nacional para presentar su nuevo espectáculo "Al flamenco por testigo" y si ella siempre adquiere un compromiso cuando sale a un escenario, por motivos evidentes, el de hoy era especial.

Y si entrábamos con ilusión, una vez más, salimos desmantelados, con el alma desnuda y, sin embargo, reconfortados por volver a confirmar que en su voz podemos encontrar siempre el bálsamo que cura cualquier herida por profunda que sea. Decía hoy Mayte en una entrevista que "estamos en un momento desastroso para las cosas del alma" y no puede tener más razón. Pero los que hemos tenido la posibilidad de escucharla hoy, abandonamos la Sala Sinfónica con el consuelo de saber que, en su voz,  hay un ungüento mágico que siempre nos ayudará a superar tiempos difíciles.

El arranque, con la deliciosa milonga de Valderrama que a mi también me llevó a mi infancia y a las sesiones flamencas con los vinilos de mi padre, ya nos hizo presagiar lo que se nos venía encima. Los fandangos, solea, tientos, tangos... Una avalancha de cante por derecho, sin ninguna trampa, que nos fue envolviendo y seduciendo sin tregua.



Y llegaron las bulerías y en ellas, como en ocasiones anteriores, Mayte incluyó "Un compromiso". Pero no fue como otras veces. Si escuchar esa preciosa canción en su voz siempre me ha producido sensaciones especiales, viéndome transportado a esas tardes de transistor mientras mi madre planchaba, esta tarde todo ha ido un poco más allá, a un lugar que no sé explicar con palabras, pero que el público agradeció puesto en pie. Terminó Mayte con una "sesión continua" primorosa otra vez, que sirvió para dejarnos con ganas de más. Y en el bis, nos regaló una Milonga del Solitario que seguro, bendeciría el propio Yupanqui.

Acompañada primorosamente por Salvador Gutierrez, Pau Figueres (¡que descubrimiento!) y el, para mi, insustituible Chico Fargas, Mayte respondió con creces al compromiso que había adquirido. Nada sorprendente, Mayte no sabe engañar cuando se sube al escenario y allí arriba es siempre sutileza, esencia, fragilidad y sobre todo emoción y verdad. Pero hay veces que además de todo eso, además de esa verdad, nos regala una entrada al paraíso y nos hace el favor de recordarnos  que lo que importa en este mundo son los sentimientos, que sin ellos nada vale, todo está hueco, todo es vacío. Y alguno, nos quedamos sin palabras para darle las gracias y, por eso, lo tenemos que hacer escribiendo.
 


sábado, 24 de enero de 2015

ENVIDIA

La envidia me invadió ayer en la Sala de Cámara del Auditorio de Madrid. Podría decir que era admiración, que era asombro, que era fascinación, que era cualquier otra cosa, pero no, era envidia. Envidia de ver como, desde un escenario, se puede crear tanta belleza, arrebatar tanto el sentimiento y robar el aliento a todos los que allí nos encontrábamos. Una vez más, eso es lo que hizo Mayte Martín. 

Y sin embargo, no fue una vez más..., para mí, no lo fue. He visto y escuchado muchas veces a Mayte (y siendo muchas, son muchas menos de las que me hubiera gustado) y, tengo que decir, que ayer la vi en un estado de gracia especial, vaciándose con la entrega de siempre, pero disfrutando mucho de lo que hacía y, si siempre consigue atraparme, ayer me desarboló. Quizás las situaciones emocionales influyen en cómo sientes determinadas cosas y probablemente, en ese sentido, mis defensas son, ahora, algo más bajas. Es posible, pero no fui el único que se sintió así, fuimos muchos, fuimos todos.

Así se lo dije cuando pude abrazarla tras el concierto. Abrazo con el que trate de devolverla parte de lo que nos había dado, aun sabiendo que siempre sería una escasa recompensa. Puse todo mi cariño y agradecimiento, pero no le devolví ni una milésima parte, era imposible.

Acompañaron a Mayte esos tres magos que no son de Oriente, pero siempre traen regalos, Y que son: Chico Fargas, que tiene un grado de complicidad con el flamenco que he visto en muy pocos percusionistas, Juan Ramón Caro y José Luis Montón (genial, por acertada, esa definición de poeta de la guitarra) que, a pesar de que la técnica se opuso a veces, sonaron espectaculares. Por cierto, hablando de envidia, le dije al maestro Montón que habían dejado a las campanas de la Almudena  llorando de envidia al escuchar como sonaban sus guitarras. Estoy seguro de que así fue.

La estructura del concierto fue la misma que en la noche de Sabatini (que ya fue una gran noche), pero ayer hubo momentos en los que se superó con creces. Los campanilleros, me sonaron profundos y la imagen de La niña de la Puebla se me hizo presente. Como presente se me hizo el embrujo cimbreante de Carmen Amaya en La Tana o presente tuve a Valderrama y Marchena (que tanto gustaba a mi padre) en una guajira que, si siempre me ha embelesado en la voz de Mayte, ayer me hizo saborear esa canela azucarada de la letra que, ciertamente, ayuda a curar.

Hubo peteneras, tientos, tangos y las bulerías, que nos llevaron de paseo por la Sevilla de María de las Mercedes y que volvieron a sellar un compromiso que, escuchado como ayer, termina siendo sagrado.

La serrana y unos fandangos asombrosos, en los que la entrega fue total, nos llevaron al homenaje a la América española y con la preciosa Milonga, Yupanqui también se me hizo presente en esa abofeteadora (o así debería serlo para esta sociedad que hemos creado) estrofa: Desprecio la caridad por la vergüenza que encierra, soy como el león de la sierra vivo y muero en soledad. 

Finalizando, vinieron  las Sevillanas del Maestro Pareja Obregón y, con la última, escuché el silencio, vi al Gran Poder alejarse de La Campana, mecido por sus costaleros y recordé algo que oí una vez  a uno de ellos en Sevilla y se me quedó grabado:

No podría, mi alma, no podría
Si al levantar el paso, no pensara
-rebosante la fe, la entrega clara-
que es Cristo o su Madre quien va arriba

En fin, resulta imposible describir con palabras un concierto tan cargado de sensaciones en el que cada uno de los temas fue todo un acontecimiento. Mayte estuvo absolutamente increíble de voz, de recursos, de hondura, con esa manera suya de crear silencios, de ir de lo más bajo a lo más alto, para volver a bajar y rematar la pieza cuando parece imposible llegar. Cuajó una actuación soberbia, sutil, poderosa y mágica en todo momento. Una gran noche, en la que el Bis no pudo ser más acertado: SOS... A esas alturas todos nuestros corazones necesitaban atención médica urgente y yo, una vacuna contra la envidia.

Gracias otra vez Mayte, por todo...

miércoles, 19 de noviembre de 2014

MI VISITA MAS TRISTE


Tengo muchos amigos gaditanos de pura cepa, pero a este madrileño, a querer y a disfrutar de Cádiz le enseñó un señor de Tarragona. Y, por eso, esta es la visita mas triste que nunca he hecho a esta tierra, porque estoy aquí para despedirme de él para siempre.

Asensi Fuentes se ha marchado y estoy muy enfadado con él. Me va a costar perdonarle que haya dejado así a su maravillosa familia. Su mujer Belén, siempre un apoyo y ayuda constante, ahora rota de dolor; sus hijos Alex y Belén, que le adoraban y le adoran, destrozados por la pérdida y lo injusto de las circunstancias; sus padres a los que imagino deshechos sabiendo la devoción que él sentía por ellos y todos sus amigos hoy, desgraciadamente aquí reunidos, empezando por mi hijo, su sobrino adoptivo, que no hemos podido frenar las lagrimas desde el primer momento  en que supimos la noticia.

Pero es mentira. Es imposible no perdonar a Asensi. Sólo recordar su sonrisa, los maravillosos ratos que nos ha regalado, lo que he aprendido con él y de él, la dedicación a mis hijos, en especial a Rafa, al que le unía mucho más que su pasión por los coches, su entrega incondicional a quien lo necesitaba y, como decía al principio, haberme enseñado a amar esta bendita tierra, hacen imposible guardar el mínimo atisbo de rencor.

Por eso esta visita ha sido y será la más triste que me ha tocado hacer a Cádiz y solo me consuela la necesidad de estar aquí para ayudar, ahora y para siempre,  a Belén y a los chicos. Eso haremos a partir de ahora como homenaje a una de las mejores personas que he conocido en mi vida y a la que llevaré en mi corazón por siempre.

Escolti pisha, te quiero un montón. Un beso enorme.

Rafa Juan y Seva
Cádiz, 19 de noviembre de 2014.

sábado, 29 de diciembre de 2012

COSAS DE DOS


"El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos" (Oscar Wilde)

Cuando se trata de Mayte Martin no soy neutral, es algo que saben todos los que me conocen. Ya he dicho muchas veces que, para mí, Mayte es punto y aparte. Que con su voz es capaz de escribir poesía y que su entrega en cada interpretación es infinita, sin importar si se trata de un fandango, un verso de Manuel Alcántara o, como de lo que me ocupa ahora, de un bolero.

Hace  unos meses Mayte nos contó su proyecto de grabar un disco de boleros, (el segundo tras Free Boleros junto a Tete Montoliú) hacerlo en directo y sin discográfica de por medio.  Para financiarlo quería contar con la ayuda y el mecenazgo de sus propios seguidores. Yo no lo dudé un instante y apoyé la iniciativa desde el primer momento. Aún sin saber como sería el disco, tenía la certeza de que, conociendo a Mayte, merecería la pena. Afortunadamente fuimos bastantes los que pensamos lo mismo y el disco es hoy una realidad. Me quedará siempre la espina de no haber podido estar presente en los conciertos en que se grabó, pero como dijo aquel: lo que no puede ser, no puede ser y además…

En cualquier caso, como recompensa, hace unos días llegó a mis manos el ejemplar del deseado “Cosas de dos”. Lo he escuchado varias veces desde entonces, de echo lo escuchó de nuevo mientras escribo esto y, cada vez que lo hago, siento como mi interior es  estrujado sin misericordia. Como vuelo a los años de mi infancia, como vuelvo a la ilusión que provoca la mirada cómplice de la persona que quieres cuando te  dice algo que solo ella y tu comprendéis y que no necesita palabras para ser expresado. Como siento la angustia de ausencias irreparables y el dolor y la alegría de los recuerdos.  

No trataré de hacer un recorrido  por todos los temas (catorce maravillas) del disco, pero hay cosas que no puedo dejar de mencionar. Arranca con una versión de “Espérame en el cielo” canción que nunca me cansé de escuchar en aquella cinta de Antonio Machín que tanto gustaba a mi madre, principal culpable de mi afición musical  y a la que cada día echo más de menos. Ese recuerdo, tan lejano como bonito, me hace reafirmarme en que la música es, sin duda, uno de los vínculos más poderosos con los que están a nuestro alrededor pero sobre todo con los que, un día, estuvieron a nuestro lado.

“Piensa en mí”  y “Yo lo comprendo” dan paso a una estremecedora “Regálame esta noche” donde el desgarro de una frase se transforma en una de las más maravillosas declaraciones de amor que he escuchado: "Regálame esta noche, retrásame la muerte". Tremendo.

“En un rincón del alma” (otra vez mi madre) y “Me perdonas” nos llevan a un “No sé tú" en el que, inconmensurable, Mayte se rompe en una interpretación plena de sentimiento. Y el estruendo de esa explosión impide oír como el alma te ha saltado hecha añicos y te afanas  de forma inútil en recomponerla.  Afortunadamente la intimidad de “Hacia dónde…?” y la cadencia de “Palabras” te dejan tomar aire y recuperar mínimamente la compostura. Pero no hay tregua, y con “Somos”, Mayte te retuerce de nuevo permitiéndote comprobar que, escuchando está versión y la de “Free Boleros”, el paso del tiempo solo ha servido para mejorar la añada, que ahora tiene mas  matices y mucho más intensos.

Tras “Sabrá Dios” y “Por si te quedas”  llegamos a “Lía”  y creo que el mejor elogio que puedo hacer es que, al escucharla, no me he acordado de Ana Belén.  No quiero malas interpretaciones, Ana Belén borda esa canción, por eso precisamente me parece que es un gran logro que la versión de Mayte, mucho más pausada, más íntima, diferente,  consiga que no nos detengamos a comparar.  Y para finalizar una despedida llena de ritmo, vitalidad y alegría  con un ”Piel Canela” que te pone de pie y te inyecta la energía necesaria tras el intenso camino recorrido.

En definitiva, un viaje sin retorno a los sentimientos, en el que en contra de lo que pudiera suponerse no hay un ápice de sensiblería. No, Mayte te abre en canal sin florituras,  con el estilete de su entrega y su verdad. Por eso al escucharla, uno entiende perfectamente a don Manuel de Falla  cuando dijo:  "Error funesto es decir que hay que comprender la música para gozar de ella. La música no se hace, ni debe jamás hacerse para que se comprenda, sino para que se sienta."

Eso es lo que tú haces Mayte y te doy las gracias por dejarme ser parte de ello. Otra vez.

P.D. quien quiera comprar el disco puede hacerlo escribiendo a:  cosasdedos@maytemartin.com    
De verdad, merece la pena.

domingo, 25 de noviembre de 2012

SE MURIÓ UN PAYASO


La semana nos ha dejado la triste noticia del fallecimiento de Miliki y creo que no me equivoco si digo que todos nos sentimos apenados. Porque él era uno de esos pocos casos en los que, de forma permanente, sólo hemos conocido un gesto amable.

En mi caso no es diferente, mis recuerdos de niñez llevan impresa la marca de Los payasos de la tele. Sus canciones, sus aventuras, sus palabros… Porque sí, yo también fui uno de esos ciruelos y ciruelas que mirábamos ensimismados  la incolora pantalla de unos televisores que eran una ventana, la única ventana a veces, a mundos imaginarios y divertidos. Fui uno de los que soñaba que mi colegio fuera uno de los invitados a la grabación del programa para poder verlos de cerca al menos una vez. Fui uno de los que comprobé con ilusión como los Reyes Magos me dejaron, en una de sus visitas, el disco de vinilo con sus archiconocidas canciones que todavía conservo. Fui también uno de los que lloré cuando, sus propios hermanos, comunicaron a todo el país por televisión que Fofó ya nunca cantaría a Susanita y su ratón, ni pasearía en el Auto Feo.

Luego pasó el tiempo, crecimos, intentábamos ser mayores y despegarnos de aquello que implicara que todavía nos quedaba un nexo con el niño que intentábamos desesperadamente dejar atrás. Entonces, ¡qué tontos!, renegábamos del programa y nos regodeábamos de pasar de esas ñoñerías. Pero cuando nos quedábamos solos, cuando nadie podía escucharnos, volvíamos a recordar, tarareando con cariño, al barquito de cáscara de nuez o le pedíamos a Ramón que chutara más fuerte. Si, por mucho que intentáramos disimularlo, aquello se había grabado en nosotros de forma indeleble, vivía en nuestros corazones.

Años después lo volví a comprobar. Mis hijos volvieron a cantar con ilusión todas y cada una de aquellas maravillosas canciones y yo, con la excusa de enseñárselas y entretenerles, volví a recordar a don Pepito, todos los días de la semana y sus tareas, los tres pelos de mi barba y a ese Chinito de amor que nada tenía que ver con los de la Operación Emperador.

En 1999 Miliki publicó un disco recopilatorio dedicado a sus niños de treinta años y, aprovechando que yo era uno de ellos y con el pretexto de que a mis hijos les gustaría,  me lo regalé. Y gracias a ese regalo volvimos a dedicarnos un Feliz en tú día en los siguientes cumpleaños familiares y, sobre todo, volví a tener que apretar los dientes para que no me saltara una lágrima cuando, mientras montábamos el árbol de Navidad y el Belén,  escuchaba eso de que los tres payasos pedían a la humanidad que reinara la paz.

Es curioso, hoy que mis hijos han pasado ya hace años esa etapa, siempre repetida,  en la que trataban de alejarse de su niñez, yo, de vez en cuando, escucho de nuevo esas canciones para intentar volver a ella, para poder agarrar un trozo de ese tiempo que pasó tan deprisa y del que la distancia va robando los pocos pedazos que te quedan.

Por eso hoy escribo estas líneas, porque quiero agradecer a Miliki todo lo bueno que me dejó a lo largo de mi vida. Por los maravillosos recuerdos, por permitirme volver a ser niño o quizás no dejar de serlo nunca y, sobre todo, porque todo lo consiguió haciendo el payaso… No puedo evitarlo, con su recuerdo se me “luenga la traba”.


¡Gracias MIliki! 

domingo, 16 de septiembre de 2012

LIBROS LIBRES

El pasado viernes tuvo lugar la inauguración de la librería Libros Libres, una iniciativa del la ONG Grupo 2013 que lidera Alejandro de León. Había sido invitado por el propio Alejandro y su equipo para que leyera unos minutos acerca del tema que me pareciera bien. Decidí hacerlo intentando responder a la pregunta: ¿Por qué escribo? 

En unos tiempos en que todos sufrimos las consecuencias de la situación económica, poner a disposición de todo el mundo la posibilidad de leer o facilitar la educación de los más desfavorecidos, me parecen iniciativas que merecen nuestro apoyo. La librería gratuita de Libros Libres (no es una biblioteca, es librería. Tú te llevas el libro y es para ti para siempre, salvo que voluntariamente quieras devolverlo o llevar otros que ya no necesitas o no quieres tener en tu casa) se encuentra en la calle Covarrubias, 7 Bajo derecha, cerca de Alonso Martinez. Para mantener el proyecto vivo necesitan 365 suscriptores que pagarán una cuota de 12€. Esa cuota no da derecho a ningún privilegio más allá de saber que estás facilitando la lectura a mucha gente y que mantienes viva una iniciativa muy bella. 

Os dejo el enlace a sus páginas y después mi pequeña charla, animándolos, en cualquier caso a que entréis en contacto con Libros Libres y Grupo 2013.

http://www.grupo2013.com

http://www.facebook.com/libreria.libroslibres


¿POR QUE ESCRIBO?

Hace unos meses, Alejandro me contó la iniciativa que hoy se pone en marcha, quería conocer mi opinión y transmitirme sus dudas acerca de cuál podía ser la reacción por parte de los integrantes de la industria del libro. Le animé sin duda a seguir adelante y olvidarse de lo que hipotéticamente unos pocos, por sentirse amenazados, pudieran decir en contra de una idea como esta.

No creo que nadie que ame los libros y la literatura pueda opinar que esta es una mala idea. Los libros solo tienen un objetivo: que alguien los lea y cuantas más personas lo hagan mejor, pues cada vez que alguien lo lee, el libro va ganando vida, va creciendo y va alcanzando cierto grado de inmortalidad. Que las personas que leen el libro hayan pagado por él o no solo es relevante en el corto plazo para la cuenta de resultados de la editorial, para nadie más. Ni siquiera para la librería o el propio escritor ya que dar acceso gratuito a la lectura genera a medio y largo plazo un síndrome de dependencia en los lectores que más tarde o más temprano consumirán literatura pagando por ella.

Pero me he desviado del tema del que debía hablar que es, nada más y nada menos: ¿Por qué escribo? Tengo que reconocer que nunca me había planteado a mí mismo la pregunta, quizás por que intuía que la respuesta era muy complicada. Y es que, citando a Jorge Semprún: Si supiese por que escribo, quizás, no escribiría.

Como dijo Truman Capote en el prólogo de Música para camaleones: un día comencé a escribir sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Y es que, como Capote continuaba, «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo tanto cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: que la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero, es sutil pero brutal.»

Lo cierto es que enfrentarse al folio, ahora sería mejor decir a la pantalla, en blanco, es un reto apasionante del que sales permanentemente derrotado. Nunca llegas a la meta, nunca ganas y cuando crees que al menos has conseguido nivelar la batalla, una segunda lectura de tu trabajo te sume de nuevo en la incertidumbre. Sin embargo, alguna razón desconocida te empuja a continuar, intentando buscar una solución diferente a la rendición incondicional.

¿Qué es ese algo? No lo sé. Quizás es que cuando escribes inicias un viaje inigualable que puede llevarte de vuelta a tu niñez o hasta mundos desconocidos pero soñados. Quizás es que puedes volver a tener contigo a los seres queridos que se marcharon o dibujar  aquellos que te hubiera gustado tener alguna vez a tu lado. Quizás, es que es la única forma de corregir la vida  y cambiar el destino por muy tozudo que este sea.

Cuando escribes, inicias un extraño viaje, en el que por mucho que hayas planificado cada una de las etapas, el destino final te resulta desconocido hasta el mismo instante en que llegas a él. Conozco muy pocos casos en que ese final coincida con la idea original del escritor y, en parte, en ello reside la magia de escribir.

Cuando escribes vas dejando parte de ti en el papel, jirones me gusta decir, con la esperanza de que alguien los recoja y los haga suyos. Escribes porque tus mentiras conformaran las verdades de los lectores y sus mundos concretos y objetivos se transformarán, momentáneamente, en universos abstractos y sutiles por el mágico efecto de tu ficción.

Es muy difícil tratar de transmitir las razones por las que uno escribe, porque son muchas.

Escribo para que los jóvenes sepan que un libro te da mucho más que la consola más avanzada. Que además de no gastar energía eléctrica, el libro vino antes  que cualquier juego que puedan instalar en ella, porque todos los juegos tienen como base una historia que alguien escribió antes en un papel. Que un libro siempre te espera con los brazos abiertos aunque tú lo abandones durante mucho tiempo y si lo recuperas tres años después no hay una nueva versión 5.0 que instalar.

Escribo también para que los jóvenes sepan que, como decía la chirigota de El Canijo en los carnavales de mi Cádiz querido, los libros son lo primero que va al fuego cuando llega un dictador, porque ellos contienen las diferentes verdades que los fanáticos no quieren escuchar, ya que solo admiten una: la suya.

Escribo porque me siento atado al mundo real, un mundo con límites, injusto, pequeño y banal. Escribir deja volar mi fantasía y mantiene la esperanza de que podemos cambiar las cosas, de que el futuro es mucho más ancho que el estrecho camino que nos marcan las normas.

Escribo porque siento o, parafraseando a Descartes: Siento luego escribo. Y escribir me ayuda a deshacerme de mis fantasmas, de mi fragilidad, de mi arrogancia y me hace sentirme solo o acompañado a mi voluntad, no según la de los demás.

Escribo porque así modelo mis pensamientos y me enfrento a lo desconocido. Porque me ayuda a defenderme y a pelear. Escribir ha resultado una de las armas más poderosas para enfrentarme a mis enemigos, sobre todo a los que viven dentro de mí.

Escribir me ayuda a sacar a la luz partes de mí que hasta yo desconozco. Por eso escribo cuando estoy alegre, cuando estoy triste, cuando la vida es a veces más dura de lo que podemos imaginar, pero también cuando nos regala momentos mágicos. Escribiendo combato a la realidad infranqueable que nos acosa, pero también me subo a ella cuando nos deja ser felices.

Escribo porque así cuento mi historia, mis errores, mis aciertos. Escribo cuando tengo miedo a que llegue el día siguiente, pero también cuando lo espero con ilusión.

Escribo porque me enfurece mi propia debilidad, pero quiero seguir siendo débil en un mundo que solo parece premiar la fuerza. Escribo cuando no quiero pelear más,pero me resisto a bajar los brazos.

Escribo porque me da miedo la ternura, pero la he contemplado de cerca y he disfrutado de ella. Escribo porque creo en el amor y tengo a mi lado a quien me lo da todos los días.

Escribo para intentar encontrar respuestas que no existen, pero que necesito buscar. Escribo porque la vida te obliga a una elección permanente y elegir duele porque siempre significa que algo queda atrás.

Escribo para recordar a los que me quieren y a los que me quisieron, para que nunca dejen de estar a mi lado. Pero también para recordar a los que me hicieron daño, no porque no quiera olvidarlos, sino porque parte del daño lo provoqué yo mismo y no quiero tropezar de nuevo con la misma piedra.

Escribo porque no puedo evitar que el tiempo pase y que con su paso genere ausencias. Porque me gustaría pasear de nuevo con mi madre camino del mercado o bailar con ella mientras suena una canción en el viejo transistor. Porque querría arrullar otra vez a mis hijos contemplando esos ojos que todavía miraban sin verme y volver a escuchar como me llamaron papá por primera vez.

Escribo porque quiero poder seguir haciéndolo dentro de muchos años, con Lucia a mi lado y sonreír entonces porque la vida no nos salió del todo mal.

Escribo para ser testigo de mi propia vida. Para dejar mis verdades. Verdades pequeñas quizás, imperfectas quizás, pero que son mías y que, una vez escritas, nadie podrá borrar.



martes, 27 de marzo de 2012

GRACIAS MAYTE

He dejado pasar unos días para escribir de la forma menos apasionada posible lo que ha significado para mí este fin de semana. Tengo que reconocer que ha sido inútil, porque cada vez que recuerdo las horas que he disfrutado junto a Mayte Martín en su taller de flamenco, los vellos vuelven a erizarse, como si ella estuviera presente arrancando compases a su guitarra para agujerearnos el alma con certeros dardos de sentimiento y desgarrarnos los sentidos con su manera incomparable de hacer el cante.

Porque sabes Mayte:

Más allá de las “cositas”, como tu dirías, que nos has enseñado acerca de esa maravillosa forma de expresión artística que es el flamenco.

Más allá de aprender que, por encima de voces, de estilos, de palos, se alzó majestuosa Pastora Pavón,  La niña de los Peines, cantaora total, con inteligencia (no se puede ser artista  si no se es inteligente, nos dijiste) y una voz redonda para demostrar que podía con todo.

Mas allá de aprender acerca de voces lainas, de voces afillás, de melismas, métricas, palos, ritmos, tesituras y dinámicas.

Más allá de todo eso, aprendimos que un concierto es un viaje emocional en el que no se trata de vender un billete a los asistentes, si no de marcharse con ellos. Que hay cosas que sólo se pueden hacer con la verdad por delante y que si no salen del sentimiento, nunca llegaran al que escucha, aunque esté sentado a un metro.

Más allá de conceptos, aprendimos a sentir, a buscar en los rincones, a intentar encontrar porqué algo te toca cuando lo escuchas. Aprendimos que la magia viene de los detalles, que los silencios son momentos para escucharte el alma y que uno tiene que aprender a convertir ese vacío en algo positivamente sobrecogedor.

Y luego cogiste la guitarra, para hacernos levitar y que nos olvidáramos de el frío, que ya no existía porque nuestros corazones latían a tal velocidad que la sangre calentaba hasta el último rincón del cuerpo. Para apretarnos un poco más el alma y sacarnos el jugo que a todos nos brotó en forma de lágrimas cuando bordaste, por bulerías, “Compromiso”. Para demostrarnos cuanta verdad había en tus palabras cuando nos dijiste que para ti, el escenario era una oportunidad única de ser tú y darte a todos y cada uno de los espectadores. El sábado y el domingo, no estabas en un escenario, pero te diste a nosotros como si así fuera.

En el prólogo de mi última novela dije que tenías poesía en tu voz, que escucharte era un bálsamo para el alma y que esperaba en algún momento poder agradecerte personalmente los numerosos momentos de inspiración que me habías brindado.

Este fin de semana cumplí mi sueño pero, mucho más importante, descubrí que lo mejor de tí Mayte, siendo difícil, no está en tu música. Gracias otra vez.